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01 Oct 2015

LA EVOLUCIÓN DE LO QUE UNA VEZ FUE EL BARRIO FUNK ‘RÚSTICO Y BUENO’ DE SANTA BÁRBARA

Vox Orbis / 01 Oct 2015 Testing
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Foto: En el ‘The Valley Project’, uno de los salones de cata de vino en el Barrio Funk, un mural de las zonas vitivinícolas en Santa Bárbara por Elkpen sirve de mapa del lugar mientras que Robbie Stewart sirve vino a Amy Balliett (derecha) y Jessica Trejo (izquierda), visitantes de Seattle:. Fotografía de Gail Fisher/Vox Orbis

Ted Mills

No hace mucho tiempo, tal vez cerca del inicio de la presente década, el Barrio Funk en Santa Bárbara era rústico y bueno. Durante el día, albergaba instalaciones industriales y talleres de artistas, y solo se podía ingresar si te conocían o si querías comprar algo. El hollín y los gases se combinaban con el hedor de un lugar cercano que procesaba mariscos. Camiones subían por la Avenida Yanonali para entregar o retirar material de construcción. Máquinas hacían ruido detrás de persianas cerradas o en lotes abiertos.

Por la noche habían dos bares, y dependiendo del día de la semana, sólo uno abría: ‘The Bay Cafe’, que, después de terminar el servicio de comida, mantenía el bar abierto para los que salían de trabajar (como yo). Saliendo del café, se ingresaba a un pueblo fantasma con poca iluminación en las calles y con aire con olor a la salmuera del océano, que estaba ubicado a pocas cuadras de allí. A veces se podía escuchar el sonido de las nutrias marinas a lo lejos.

Foto: El Museo de Surf de Santa Bárbara, ubicado en la Avenida Helena, creado en 1992, cuando el Barrio Funk era “un secreto rústico y bueno’, albergaba desde instalaciones industriales hasta talleres de artistas” según el escritor Ted Mills. Fotografía de Gail Fisher/Vox Orbis

Yo empecé a visitar el Barrio Funk en el año 2005, pero incluso en ese entonces, el lugar popular para pasar el tiempo, ‘Red’s Coffee Shop’, era más conocido en relación a la calle State, el lugar favorito para relajarse a una cuadra del lugar. Cuando ‘Red’s’ reabre sus puertas como bar en el 2009, muchas cosas comenzaron a ocurrir. Productores de Vino Municipales, no la primera bodega en la zona, pero sin duda la bodega del momento, se inauguró el mismo año. De pronto, me encontré paseando en bicicleta por esa zona más y más y conociendo a los lugareños. Los lugareños comenzaron a realizar talleres, eventos y fiestas abiertas al público.  

Pocos años después, todo cambió. El Barrio Funk ahora es un lugar bullicioso de unas cinco cuadras de bodegas, restaurantes y bares. La música en vivo sale a la calle, y también los clientes. Pero los artistas siguen ahí, tratando de ingeniárselas para ganarse la vida, incluso cuando los alquileres van subiendo y el aburguesamiento avanza y reemplaza un taller por tiendas minoristas.

Foto: En el Barrio Funk de Santa Bárbara, algunos de los talleres, incluyendo el ‘Blue Door’, un taller para artistas locales, y tres pisos de colecciones antiguas y modernas. Fotografía de Gail Fisher/Vox Orbis

El proceso se aceleró en el año 2012 justo después del aclamado interés en el evento de arte y cultura del Barrio Funk realizado en octubre, donde los artistas abrieron sus talleres y los pocos bares y bodegas esperaban atraer a más visitantes. Los organizadores bloquearon el camino y realizaron un mini festival.

Poco después, el lugar comenzó a cambiar; víctima del creciente éxito.

Vi como ocurrió. Lo que pasó de ser un pueblo únicamente para sus residentes y se convirtió en un destino que no se puede dejar de visitar. Salieron artículos en el L.A. Times y después, oh, oh, en el New York Times.

El Barrio Funk es una idea tan confusa en la mente de sus visitantes como lo son las calles que forman sus fronteras. Algunos lo ven como un lugar donde pueden llegar a pie a casi una docena de lugares de cata de vinos. Yo lo veo como una colección de talleres y galerías de artistas, algunos son amigos míos, así como un lugar para socializar, pero separado de la multitud de turistas. Pero también son ambas cosas, ya que podemos juntarnos para tomar unas copas en el ‘Red’s’, o un café en el ‘Lucky Penny’, o almorzar en el ‘Metropulos’.  

Y por otro lado, también están todos los otros interesantes negocios durante el día: un gimnasio de CrossFit, una carnicería, que pronto ofrecerá también sándwiches, una tienda de comida para mascotas, un taller mecánico, un hostal y un club de strippers.

Foto: Thomas Blumer (centro al frente), entrena junto a otros entusiastas deportistas con pesas rusas durante una clase en la tarde en el gimnasio de CrossFit ubicado en la Avenida Gray en el Barrio Funk de Arte y Vino de Santa Bárbara. Fotografía de Gail Fisher/Vox Orbis

Y me reafirmo en que cualquier cosa que esté en la calle State, en la frontera sur del Barrio, no pertenece al Barrio Funk. Lo siento Hotel Indigo! Lo siento, restaurant Nuance! Otros no estarán de acuerdo, como, por ejemplo, esos dos establecimientos. Asimismo, el boulevard Cabrillo ubicado al este, está frente al mar y es demasiado turístico como para ser Funk. Es increíble la diferencia que unos pocos pasos pueden hacer en la Avenida Helena, donde la tienda de alquiler de bicicletas no es Funk en absoluto, pero el Museo de Surf, que realmente vale la pena visitar, definitivamente sí lo es.

Foto: La Puerta Azul (The Blue Door), ubicada en la calle Yanonali en el Barrio Funk de Santa Bárbara, consta de tres pisos de colecciones antiguas y modernas como este cuadro al óleo sobre lienzo por el artista local Michael Armour a la entrada de la galería. Fotografía de Gail Fisher/Vox Orbis

La galería más Antigua en la zona es la galería ‘Santa Barbara Arts Fund’, la cual dirijo, abiertamente, para exponer a los  artistas del condado de Santa Bárbara y conectar a artistas jóvenes con mentores profesionales. Sus exposiciones mensuales muestran el aire de arte contemporáneo de la zona, y muchos de los artistas son vecinos del lugar. Después tenemos la galería ‘Gone Gallery’, la galería de arte burdo y atrevido, dirigida por el artista Skye Gwilliam, también conocido como “GONE”, cuyo estilo de gráficos audaces y de arte de callejero se puede observar en muchos murales, postes telefónicos y señalizaciones de calles por la zona. La gran mayoría de los comerciantes del barrio están contentos con esto. Cruzando la calle, se encuentra la galería ‘WallSpace’, que se especializa en fotografía. Escondido en lo que solía ser una unidad de refrigeración gigante, funciona ahora el taller de Philip Koplin y Dan Levin, donde el primero trabaja en diferentes técnicas sobre papel y el segundo hace ingeniosos ensamblajes. A una cuadra, en una estructura destartalada que era parte de la industria pesquera de la zona, Lindsery Ross tiene ahora su taller de fotografía al aire libre, donde hace retratos con técnica ferrotipo usando cámaras antiguas. Hay mucho arte en el lugar, y mis disculpas a aquellos que no mencioné.

Esto es lo pasa: es mucho más fácil experimentar el lado gastronómico y de bebidas del Barrio Funk ya que están ahí, delante de ti. Desde la taquería ‘Mony’s’ hasta el lujoso restaurant ‘The Lark’, y la música retumbante de estos establecimientos puede escucharse desde lejos. Pero los talleres y galerías, por no mencionar las tiendas de muebles, salones como el ‘MichaelKate’ y ‘Cabana Home’ que duplican el tamaño de las galerías, a veces se esconden a plena vista.

A pesar de que los artistas se quejan de los altos alquileres, este verano se inauguraron dos nuevas galerías: ‘GraySpace’ y ‘Gallerie’ a los lados opuestos de la avenida Gray. Y el Paseo Bimensual de Arte del Barrio Funk que se realiza el cuarto viernes de cada mes es una gran oportunidad para conocer a los artistas que continúan haciendo del barrio funk, lo que es. La zona está evolucionando, cambiando pero no terminando, y es donde late el corazón idiosincrásico de Santa Bárbara.  

Foto: Sacco Nazloomian, ciudadano de Goleta y amante del vino, disfruta de una velada de cata en “The Valley Project” en el Barrio Funk de Santa Bárbara. Fotografía de Gail Fisher/Vox Orbis


Ted Mills para Vox Orbis, 2015 / Traducido por Natalia del Castillo / Editado por Ana Pearson